Han pasado 90 días desde mi accidente. Todo lo que sucedió en ese día y en la semana siguiente me parece ajeno, fragmentado, lejano, absurdo.
Cada vez que me enfrento a las escaleras del edificio donde vivo se recrea mi caída en cámara lenta, y me da terror de nuevo y me siento rota.
Los días para volver a caminar los cuento con los dedos de mis manos y de mis pies, falta poco, falta menos.
Este viaje ha sido extraño, productivo, solitario, colectivo, doloroso, curativo y breve.
Son ya noventa días con sus noventa noches...
...y siento que nunca he dejado de andar.

Dime cuánto falta para que regreses a caminar. Quiero llevar la cuenta contigo.
Te dejo un abrazo, uno largo y apapachador.
y es que no importa que el camino se nuble, se parta, se equivoque, se detenga...al final del día seguiremos andando
No, nunca has dejado de andar.
Me gusta tu texto. Es tan personal y contundente. Sí, ya sé también doloroso.
Te quiero.